Sin duda el mundo ha cambiado muchísimo. Y pensando bien, creo que me voy a sentir un tanto viejo al terminar de escribir este artículo; pero pensando aún mejor… vale la pena.

Soy un seguidor de la tecnología, me gusta la idea de estar al pendiente de algunos detalles que nos ayudan en cosas contidianas o en cosas más importantes, como comunicar un mensaje (parecido a este). Mi primer celular fue un Sony Ericsson y debemos concordar, que al comienzo, los celulares no tenían la opción de instalar aplicaciones. Pero, ese datalle fue cambiando de a poco, casi sin darnos cuenta. Recuerdo que tuve un celular que nos permitía crear nuestras propias melodías para llamadas entrantes.

Todo fue cambiando: pantallas de color, más opciones de control, mejores cámaras, cámara delantera, pantala táctil, música, video, conectarse a internet y así… podemos seguir y seguir hasta llegar a las características de los celulares actuales.

Hoy, no tener las aplicaciones básicas es casi un delito. ¿Cómo es posible tener un celular inteligente sin algunas aplicaciones instaladas? – por favor, eso no existe. ¿Para qué sirve un celular que no se le puede instalar aplicaciones? – (bien pensado) “para nada“, es más, ¡es ilógico!.

Las aplicaciones son las que dan sentido a nuestros celulares. Casi al comienzo de este año (por necesidad) tuve que comprar un celular, mientras esperaba uno que realmente deseaba. Me compré un Orro – y la verdad es que no fue una de las acertadas compras de mi vida. Se instalaban aplicaciones sin avisarme, no funcionaban aplicaciones, era un desastre total.

Yo creo que haces lo mismo que yo. Si una aplicación no cumple su función para la que fue creada, entonces no tiene sentido de seguir usándola. Una aplicación tiene una labor que debe cumplir, a lo mejor al comienzo presentará errores; pero para eso son las actualizaciones, para perfeccionar esa aplicación. Solamente el creador de la aplicación puede mejorar su aplicación.

Pensando en esto. ¿Sabías que Dios nos cargó con aplicaciones desde antes?

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
no por obras, para que nadie se gloríe.
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.– Ef. 2:8-10.

Nuestras obras No nos salvan. Somos libres del poder del pecado y de la condenación solamente por medio de la GRACIA de Dios en nuestras vidas. Imagínate ser salvos por nuestras obras. Muchos de nosotros quedaríamos fuera de la salvación.

La salvación es un regalo. No podemos negar que tener la salvación de nuestras almas era algo en verdad muy difícil de pagar. La paga por nuestro pecado es la muerte. Si eso es así, entonces al pagar nuestro pecado, no tendríamos la vida para disfrutar tal regalo.

Somos creados en Cristo. Solamente por medio de alguien con tanta perfección es que se logra tener la perfección que se necesita para llegar a Dios. Hemos nacido por medio de la obra de Jesús y su obra en la cruz.

Para terminar, Dios nos puso “aplicaciones” de antemano para que funcionen y nosotros hagamos que sirvan. Al momento de nacer en Cristo, automáticamente Dios nos instala esas aplicaciones (buenas obras) que deben ejecutarse en nosotros. ¿Cuáles pueden ser esas buenas obras?: ayudar a un vecino, ser gentil con una dama, usar tu talento de manera correcta, limpiar mejor tu habitación, ayudar más en tu casa, ser mejor hermano(a), ser mejor en tus estudios… la lista puede alargarse en gran manera.

Entiendo (porque lo vivo todos los días) no siempre se pueden hacer buenas obras, a veces fallan esas aplicaciones; pero por eso mismo es necesario estar conectado con nuestro creador, para recibir esas actualizaciones y parecernos más a Él. Sabemos que es mala idea no recibir las actualizaciones en nuestro celular. Por lo tanto, es mucho peor no recibir de Dios lo que Él quiera decirnos (¿leiste tu Biblia hoy?).

Solamente conectados a internet podemos actualizar nuestras aplicaciones. Solamente conectados a Cristo, por su Palabra, podemos tener la oportunidad de ser mejores.

No somos salvos por medio de las obras que hacemos, somos salvos por medio de la fe en Jesús. Nuestras obras se activan en ese momento, para demostrar que fuimos salvos y esas obras fueron pensadas de antemano.