El creer que existen las coincidencias es tan absurdo como creer que el sol sólo brilla cuando uno lo necesita, o que pájaros sólo cantan cuando hay alguien para escucharles. Dios es soberano y todo lo que ha ocurrido, va a ocurrir, y podría ocurrir ya lo conoce perfectamente. Esto en ninguna manera obvia la realidad del libre albedrío, pero sí nos da una tranquilidad al saber que todo tiene un propósito. La voluntad de Dios se sigue cuando nosotros buscamos hacerla, aunque en realidad todo lo ocurrido ya fue conocido por Él antes de la creación del universo. La clave reside en la invitación Divina hacia cada persona de desear conocer, obedecer, y seguir a nuestro Creador.

La Biblia está repleta de historias de hombres y mujeres de Dios que escogieron obedecer, aun cuando significaba pérdida, peligro, y dificultad para ellos mismos. Lo que el hombre llama coincidencia y dificultad, Dios ve como una oportunidad para probar nuestra fe. María, una jovencita del pequeño pueblo de Nazaret, de pronto escuchó el imposible mandato del Señor y respondió: “Soy la sierva del Señor. Que se cumpla todo lo que has dicho acerca de mí” (Lucas 1:38, NTV), aunque sabía que el embarazarse antes del matrimonio sería repugnante a su pueblo. De la misma manera actuó el Apóstol Pedro, a quienes los líderes judíos amenazaron y encarcelaron, pero él prefirió predicar la verdad, declarando ante el tribunal: “¿Acaso piensan que Dios quiere que los obedezcamos a ustedes en lugar de a él?” (Hechos 4:19). Moisés ante el Faraón, David ante Goliat, y los amigos de Daniel ante Nabucodonosor son aún más ejemplos de esta maravillosa fuerza interna de personas que buscaron obedecer a Dios, pase lo que pase.

¿Qué valor tiene decir que amamos al Señor si no estamos dispuestos a obedecerle? ¿Acaso es coincidencia cuando estamos en situaciones para comprobar ese amor que decimos tener hacia Dios?

Las coincidencias no existen, y cuanto más raro e improbable parezcan las circunstancias, tanto más debemos de reconocer la mano de un Creador sabio. No es de sorprenderse que el Señor desea probar nuestra fe, pues tal como hizo con nuestros antepasados, hace con nosotros hoy. Martín Lutero es uno de muchos para añadir a la larga lista de seguidores de Cristo que se jugaron la vida por amor a Dios.

Como ya hemos visto anteriormente, Lutero volvió de Roma desilusionado y se quedó con una decisión muy peligrosa – luchar para transformar a la Iglesia Romana Católica o callar. La Iglesia Católica necesitaba hacer un cambio radical y profundo, para sacar toda la suciedad y la corrupción que la hacía tan abominable al Señor. Cualquiera sabía esto, aún muchos cleros y monjes, y no tan sólo los grupos secretos a quienes perseguía la Santa Inquisición. Una cosa es ver el problema, otra cosa es afrontarla e intentar cambiarlo. Muchos creyentes y líderes de iglesia saben muy bien el problema que infecta su vida o su iglesia, pero no están dispuestos a buscar el cambio en ellos mismos, prefiriendo apuntar el dedo y esperar que otro sea el valiente. Supongo que Lutero nunca soñó en hacer el escándalo del cual fue el catalizador, al atacar tan ferozmente la corrupción en la Iglesia Romana Católica, pero no fue un accidente. Mirando atrás, Lutero reconoció que la supuesta “coincidencia” que ocurrió el 31 de octubre, 1517 en realidad era la mano del Señor, como una prueba de su fe.

La supuesta “coincidencia” se llevó acabo de la siguiente manera, fruto del cual fue el inicio de la famosa Gran Reforma. Pasa que Lutero, ya Doctor de Teología, vivía en Wittenberg, enseñando en la universidad ahí y predicando de la Biblia a la congregación. Poco a poco estaba inculcando a la gente con la verdadera Palabra de Dios y el precioso Evangelio que liberta el alma.

Un día apareció en estas tierras un monje llamado Johann Tetzel, predicador de indulgencias procedente de Roma. Este armaba todo un espectáculo en la plaza central de los pueblos que visitaba, usando efectos especiales y dramatización para llenar al pueblo con miedo de la muerte. Les hablaba en especial sobre el Purgatorio, lugar donde la Iglesia Romana Católica dice que van la mayoría de los muertos, con unos cuantos de los “peores” quedando en el infierno y los “mejores” siendo canonizados como santos. Ya que la mayoría llegaría a “purgar” sus pecados en el Purgatorio, algo que se decía ser terrible, doloroso, y normalmente de miles de años, este monje les daba una alternativa. En lugar de sufrir el Purgatorio, uno podría comprar su salida de antemano, un documento llamado una indulgencia, dada por el mismo Papa.

Cuando Johann Tetzel llegó muy cerca de la ciudad de Wittenberg, un Lutero enfurecido decidió retarle a un debate público, razón por lo cual escribió sus famosas Noventaicinco Tesis y las publicó en la puerta de la iglesia principal para que todos puedan ser testigos de su intención. Martín Lutero, un desconocido monje al norte de Alemania, no pensaba atraer mucho interés en este acto pues era la costumbre en esos tiempos y por eso se fue a descansar tranquilo, suponiendo que Tetzel le ignoraría. Lo que no supo es que un amigo suyo tomó este documento y lo llevó a la imprenta, de donde innumerables copias volarían a cada rincón del continente. En pocos días Alemania estaba leyendo de este documento, y antes de completarse el mes había llegado al mismo Vaticano.

En este documento, Lutero publicó noventaicinco razones de por qué esta práctica de las indulgencias era anti-bíblica, también cuestionando la idea del Purgatorio, entre otras prácticas corruptas de la Iglesia. Pensaba en ese entonces que el mismo papado podría estar de acuerdo con sus conclusiones, pues había sustentado cada punto sobre la Palabra de Dios. Pero su escrito fue tomado como un ataque frontal a la Iglesia Romana Católica, encendiendo una revolución tan temible que el mismo Papa tuvo que tomar pasos drásticos para intentar apagarla.

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#FF6E09″ class=”” size=””]La Iglesia Romana Católica rápidamente excomulgó a Lutero, algo temido sobre todas las cosas en ese tiempo. Fue entonces que vio como Dios estaba abriendo una gran oportunidad para dar al mundo lo que tanto necesitaba – la verdad.[/pullquote]

Y, ¿qué causó que Lutero escriba documento tan impactante? Johann Tetzel enseñaba que se podía comprar una entrada directa al cielo: “Cuando una moneda en la caja resuena, un alma de Purgatorio vuela,” solía recitar de pueblo en pueblo. Como vimos, usaba tácticas de miedo y enseñaba cosas que no estaban en la Biblia, y así miles de miles quedaban más sumidos en la pobreza por comprar indulgencias para sus parientes muertos. Pero Johann no era el único que hacía esto, pues tal era la práctica por toda Europa, ya que el mismo papado había encomendado tal obra. Este acto horrorífico airó en sobremanera a Martín Lutero, pues él sabía muy bien que el dinero de la venta de indulgencias iba directamente a Roma para construir la basílica de San Pedro. ¿Cómo podían justificar que el pueblo alemán sufriera hambre mientras que la Iglesia construía un edificio para que ricachones jugaran a la religión? Lutero atacó la práctica, diciendo: “¿Por qué no construye el Papa la basílica con su propio dinero? Es más rico que el Rey Creso. Haría mejor vendiendo la basílica de San Pedro y dando el dinero a los pobres ciudadanos, los cuales están siendo robados sin lástima por los vendedores de indulgencias.”

Además de esto, Lutero se opuso rotundamente al concepto de que un hombre podría perdonar pecados, lo cual es categóricamente una blasfemia contra la autoridad que sólo Dios tiene. Sobre este tema, Lutero dijo: “Declaro que el Papa no tiene jurisdicción sobre el Purgatorio… Si el Papa tiene el poder para librar a cualquiera que desee del Purgatorio, ¿por qué en el nombre de amor no aboliría la necesidad del Purgatorio al dejar que todos salgan libres?” Con este argumento desarmó toda defensa de la autoridad humana para perdonar pecados y también demostró que las indulgencias no eran más que un invento humano para ganar dinero. Continuó en su argumento con sarcasmo: “¿Acaso nos dijo Jesús, ‘si tienes una túnica, véndela y cómprate una indulgencia’?”

Lutero eventualmente entendió que la Iglesia Romana Católica estaba podrida en su misma raíz, y empezó a escribir, estudiar, y predicar aún más contra ella, siempre usando la Palabra de Dios como su base. Poco a poco se fue levantando un creciente grupo de personas en Alemania y en toda Europa que deseaba dejar al papado y retornar a la Iglesia que Cristo instituyó. En Alemania surgió la Iglesia Luterana, en Inglaterra la Iglesia Anglicana, ni hablar de los numerosos grupos autónomos que surgieron en todas partes. Aunque llevaban distintos nombres y tenían diferentes doctrinas secundarias, estos levantaron la bandera de la Biblia para rechazar a la Iglesia Romana Católica e intentar retornar al modelo puro y apostólico de la Palabra de Dios – algunos con más éxito que otros. En casi toda Europa se escuchaba la palabra reforma – cual enojaba y preocupaba a la curia romana.

En 1521, Lutero fue llamado a un concilio mandado por el papado con el deseo de intimidarlo y si fuera posible, callarlo para siempre. Para entonces Lutero ya había escrito muchos libros y tenía el gran deseo de traducir la Biblia al alemán. Inquisidores y grandes teólogos fueron mandados al pueblo alemán de Worms para este concilio y usaron todas sus armas para callarle, deseando arrestarle y así torturarle, con el fin de matarle, deshonrado en algún auto de fe como advertencia al pueblo.

En el concilio, este sencillo monje honró a Jesucristo en cómo se paró firme ante tal crueldad y abuso de poder. Cuando le pidieron retractarse de lo enseñado y escrito, declaró ante todos, incluyendo el Rey Carlos I, el más importante de toda Europa: “Deben llegar a convencerme por medio de la Escritura y argumentos razonables – pues de ninguna manera puedo aceptar la autoridad de Papas o concilios, ya que estos mismos se contradicen – mi conciencia está enteramente cautiva a la Palabra de Dios. Yo no tengo ni la autoridad ni el deseo de repudiarlos, porque el ir en contra de la conciencia no es correcto ni seguro.” Se dice que todos los miembros del salón se quedaron en absoluto silencio, mientras que Lutero suspiró y alzó sus ojos al cielo: “¡Que Dios me ayude! Amen.”

[pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”#FF6E09″ class=”” size=””]El pueblo se levantó para apoyar a Lutero: cantaban su nombre en las plazas y en todas las calles mientras que el concilio se llevaba a cabo. No perderían tan fácilmente a su héroe, a su campeón, quien les había traído el verdadero evangelio y les había librado de la tiranía del Imperio Romano Católico.[/pullquote]

Los enemigos del monje no tuvieron otra que darle su libertad. Fue entonces que su ministerio realmente empezó, aunque con cuidado, paciencia, y muchos errores. Tradujo la Biblia al alemán, escribió muchos tratados teológicos e himnos, se casó con una mujer que le transformó la vida para bien, y forjó un nuevo movimiento – la Iglesia Luterana.

Sería injusto a la historia y al Señor sino mencionamos algunas de las falencias de este reformador. Lutero era un gran hombre digno de honor, pero también debemos reconocer que persiguió al pueblo judío y otros movimientos evangélicos, y que se rehusó a separar el estado de la Iglesia, entre muchas otras cosas dañinas. Martín Lutero, el tenaz monje alemán, es un testimonio de como Dios puede usarnos si estamos dispuestos, pues Dios no llama a grandes hombres y mujeres, Él hace a grandes hombres y mujeres. Martín fue sólo un hombre, su fuerza proviniendo de su amor a las Escrituras y el poder del Espíritu Santo en su vida.

Y tú, ¿estás dispuesto a hacer grandes cosas por Dios? ¿Estás dispuesto a que mengue tu voluntad y surja la voluntad de Dios en ti?