Se ha dicho que “sin Tyndale, no tendríamos a Shakespeare.” Si algo conoce de literatura, sabrá que William Shakespeare es quizá el escritor más reconocido de la Edad Media, siendo realmente un maestro del lenguaje inglés y una inspiración para incontables generaciones de poetas y escritores. ¿Pero quién es William Tyndale? Y ¿Por qué se le atribuye un honor tan excepcional?

La Reforma se enfoca en los nombres de Martín Lutero, Ulrico Zwinglio, y Juan Calvino en su batalla en contra de la Curia Romana Católica. Se podría argumentar que Tyndale hizo más que ellos juntos, y no porque hizo tantas cosas sorprendentes, sino porque hizo una cosa a excelencia y así transformó la historia humana para siempre. No encontrará el nombre de este hombre de Dios en muchos de los libros de Historia de la Iglesia, y algunos sólo le darán un espacio corto e incompleto. La verdad es que la Iglesia necesita más personas como Tyndale, los guerreros silenciosos que trabajan para glorificar a Dios sin necesitar el reconocimiento humano. En Tyndale, el intelectual inglés, aprendemos una lección muy importante – es mejor hacer una cosa excelente que diez cosas mediocres.

William Tyndale (~1495-1536) nació y se crió en Gloucestershire, Inglaterra, un importante puerto al suroeste del país. Poco se sabe sobre su niñez o juventud, aunque es probable que haya sido influenciado por los Lolardos, un grupo pre-reformador que secretamente rechazaba a la Iglesia Romana Católica. Su fundador, Juan Wyclif (1330-84), un gran intelectual y teólogo, públicamente atacó al Papado y las muchas falsas doctrinas de la Curia Romana. Sobrevivió gracias a la distancia del Vaticano y también por su posición como profesor en la prestigiosa universidad de Oxford. Este teólogo tradujo la Biblia del latín al inglés, y aunque era un trabajo torpe e incompleto, seguramente fue algo que Tyndale leyó en su juventud.

Era ilegal tener una Biblia en el lenguaje común en Inglaterra, tal como en toda Europa, siendo un crimen castigable por la muerte. Sólo los sacerdotes podían leer las Sagradas Escrituras, y la única interpretación aceptable era la que daba la Curia Romana. Tyndale sabía bien el impacto que la traducción de Wyclif tenía sobre las masas inglesas, y poco a poco un fuego empezó a crecer en su pecho, un deseo de ayudar a su pueblo. En Europa estaba brotando el movimiento protestante – algo que comenzó como un murmullo y luego creció a un grito ensordecedor, y su poder se encontraba en la Biblia. Tyndale sabía que la clave para librar a su pueblo de la tiranía del papa, los malos líderes políticos, y los sacerdotes corruptos era traducir la Biblia al inglés. Para llegar a producir la primera Biblia en inglés traducida de los lenguajes originales y hacerlo disponible a las masas le costaría un enorme esfuerzo y sacrificio.

Para cumplir tal tarea, primero necesitaba la preparación adecuada. Tyndale siempre fue un hombre reservado y poco se ha documentado de su vida, es por eso que los primeros registros que tenemos de su vida es su graduación de la Universidad de Magdalen. Es probable que ya había estudiado en Oxford, donde la influencia y los escritos de dos importantes hombres le marcaría por siempre – Juan Wyclif, ya muerto para entonces, y Desiderio Erasmo. Se dice que Tyndale fue un estudiante brillante, un verdadero prodigio, llegando a graduarse con varios doctorados.

Desiderio Erasmo era un teólogo católico quién vivió en la misma época de Lutero y Tyndale, y en muchas maneras concordaba con lo que ellos enseñaban. Él se oponía a las corrupciones de la Iglesia Romana Católica, pero siempre lo decía a susurros y ocultado por ironía y sarcasmo, pues tenía miedo de la temible excomulgación. ¿Quién puede culparle? La presión para quedar callado era tan fuerte, en especial para un hombre de tanto talento y reputación, cuyo salario provenía del mismo Vaticano. Fue una pena de que nunca haya dejado a la Iglesia Romana Católica, pero aun así llegó a influenciar y apoyar a la Reforma en gran manera. Él sabía que las masas merecían tener la Biblia para librarles de las corrupciones de la Iglesia Romana Católica:

Repudio en lo absoluto a las personas que no desean que las Sagradas Escrituras sean traducidas para que lean las masas – pues, ¿Acaso Cristo enseñó una doctrina tan compleja que sólo unos cuantos teólogos lo puedan entender? ¿Acaso la fuerza de la religión cristiana reside en la ignorancia del pueblo? … Jesús deseaba que Sus misterios sean diseminados lo más ampliamente posible. Yo preferiría que toda mujer, aún del menor estrado de vida, pueda leer los Evangelios y las epístolas de Pablo, y anhelaría que estos escritos sean traducidos a todos los lenguajes de la raza humana, para que puedan ser leídas y estudiadas por todos.
Para cualquier otra persona, estas palabras significarían una inmediata excomulgación, pero siendo que él era tan valioso para la Curia Romana por su intelecto, le dejaron en paz. Me pregunto qué hubiese pasado si Erasmo, este gran intelectual y amador de la Palabra de Dios, se hubiese juntado abiertamente a la Reforma. La diferencia entre Erasmo y Tyndale es que uno veía el problema y el otro luchaba por hacer algo. Uno murió en sabanas de ceda con mucha riqueza y reconocimiento, y el otro quemado en vivo por defender su fe. Jesús desea que no sólo seamos oidores de la verdad, sino hacedores de ella.

Con todo eso, Desiderio Erasmo sí dejó su marca en la Reforma, dándoles lo que más necesitaban, una copia completa del Nuevo Testamento en el griego, sacado de las mismas librerías del Vaticano y publicado por el mundo entero. Los mejores esfuerzos de Martín Lutero y William Tyndale fueron grandemente ayudados por el trabajo de Erasmo, ya que ambos traducirían la Biblia a sus lenguajes nativos.

Tyndale, después de muchos años de estudio y guardando en secreto su apoyo al movimiento protestante, un día evidenció el propósito de Dios para su vida. Fue en 1522, cuando Tyndale trabajaba de tutor para los hijos de una familia adinerada, que llegó un sacerdote a la casa para cenar. La conversación se tornó al tema de la importancia de las Escrituras, y empezaron a disputar con mucho ardor, cuando de pronto el cura dijo algo realmente sacrílego: “Estaríamos mejor sin la Palabra de Dios y sólo con las del Papa.” El Doctor Tyndale se llenó de un celo santo y no pudo aguantar estas palabras blasfemas, respondiendo con vehemencia: [pullquote align=”full” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]“¡Repudio al Papa y todas sus leyes! Si es que Dios me da algunos años más de vida, ¡Haré que el muchacho tras del arado sepa más de las Escrituras que tú!” [/pullquote] El teólogo no pagó el precio por su valentía en ese entonces, pero sí fue marcado como un protestante y tuvo que tener extremo cuidado de ahí en adelante.

Este deseo – de producir una Biblia en inglés accesible para todo el pueblo – consumó su pensar y usó todos sus recursos. Un amigo suyo, viendo como estudiaba y se enfocaba tanto en esta obra, dijo que William “siempre está cantando la misma nota.” Tyndale quería producir una Biblia de excelencia, no sólo una traducción exacta sino una con metro, poesía, y hermosura literaria. Este teólogo sabía tan bien el hebreo y el griego que podía saborear las palabras de la Biblia en su lenguaje original, algo que él quería replicar para su gente.

La tarea era casi imposible, ya que la traducción es realmente un arte, y pocos llegan a ver el sentido profundo que se dice en un lenguaje distinto que proviene de otra cultura. ¿Cómo replicar las palabras de Jesús dichos dos mil años antes a Galileos para que entiendan campesinos ingleses que apenas sabían leer?

Para esto, Tyndale se esforzó en aprender los lenguajes que le ayudarían a traducir correctamente la Palabra de Dios. Se dice que aprendió siete idiomas nativamente, lo cual es una hazaña impresionante. Los lenguajes más importantes para este trabajo eran el hebreo, griego, y el inglés. El último quizá sea sorprendente, ya que se supone que uno conocería bien su lenguaje nativo. La realidad es distinta, pues se dice que había tantos dialectos que uno apenas podía viajar a otra parte de Inglaterra y ser entendido. En varios casos, la diferencia era similar a la que se encuentra entre el portugués y el español. Además, pocos libros existían en inglés, y muy pocos sabían leer.

William Tyndale formó un nuevo inglés que todos podían entender, escribió en una forma sencilla que todos podían captar, y añadió la poesía y la hermosura que se encuentra en los textos originales. ¿Lo más sorprendente de todo? Lo hizo sólo, y en algo más de una década casi llegó a completar la Biblia entera. Hoy en día se utiliza cientos de teólogos, escritores, y traductores para completar una nueva versión de la Biblia. Además de esto, Tyndale sufría con el peligro de persecución, material escaso, y pocos recursos. Pero su corazón ardía con un deseo indomable, un amor por su pueblo y por la libertad que la Palabra de Dios les daría.

Al ir terminando su obra, Tyndale buscó una editorial que le apoye en la impresión, pero todos tenían miedo del gobierno inglés y su colérico Rey Enrique VIII. También tuvo que soportar a teólogos católicos que le atacaban con vehemencia y deseaban matarle. El peor de estos fue el famoso teólogo Thomas More, quién escribió casi un millón de palabras en diversos libros en contra de William Tyndale, pero en su defensa Tyndale no escribió más de unos cuantos miles. [pullquote align=”right” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Tal era la humildad de Tyndale, pues él sabía que su trabajo era para la gloria de Dios, aún si el mundo no lo reconocía.[/pullquote]

Tyndale llevó su preciosa traducción de la Biblia hasta Europa, y después de mucha dificultad y sufrimiento encontró en 1526 donde imprimir la obra que le había costado una vida hacer. Las copias invadieron Inglaterra por miles y mercaderes en cada pueblo y cuidad lo vendían. El pueblo inglés compró las Biblias con gran euforia, como perros hambrientos. El gobierno inglés, impulsado por su alianza con la Iglesia Romana Católica, estaba enfurecida. ¿Dónde se habían producido estas Biblias? ¿Cómo estaban entrando al país? ¿Dónde estaba Tyndale?

Las Biblias de Tyndale entraron al país escondidos en el algodón que se importaba por medio de su pueblo natal, Gloucestershire. El gobierno compraba las Biblias de Tyndale, intentando bloquear el negocio, pero eso sólo daba más dinero a Tyndale para que pueda imprimir más y llenar los mercados con la preciosa Palabra de Dios.

En el año 1535, un amigo de confianza le traicionó al Doctor Tyndale. Éste le llevó por un callejón obscuro en Bruselas donde soldados le arrestaron con violencia. Los soldados le tuvieron pena, ya que vieron que era un hombre tan sencillo, bueno, e humilde – tal como nuestro Salvador. Después de dieciséis meses de tortura y encarcelamiento bajo la Santa Inquisición, Tyndale fue estrangulado casi a muerte y luego quemado en vivo delante del pueblo por el cual había dado todo. Sus últimas palabras no fueron de venganza, sino misericordia: “Padre, abre los ojos del Rey de Inglaterra,” hablando de Enrique VIII, el malvado monarca inglés.

Años después, ese mismo Rey Enrique VIII se dio por vencido en su lucha contra el protestantismo y decidió unirse a ellos, más por razones políticas. Ya que había repudiado abiertamente la Biblia de Tyndale, él pidió que hagan una nueva traducción, usando los mejores teólogos y traductores en Inglaterra. Luego se repitió el proceso bajo otros reyes ingleses hasta que se produjo la famosa King James Bible, auspiciada por el Rey Santiago (“James”, en inglés). Algunos decían que era un milagro como todos los distintos editores, todos trabajando separados en diversos lugares, sacaron una Biblia que era 90% idéntica. ¿Saben por qué? Porque Tyndale sólo completo un 90% de su traducción y todos los teólogos sencillamente se valieron de la obra de Tyndale.

La Biblia se convirtió en el alma del mundo habla-inglés – su sistema educativo, político, y religioso se basaba en ella. Por medio de ellos, el Evangelio llenó todo el mundo. ¿Cómo llegó la Palabra de Dios a Argentina, México, o Bolivia? Se podría decir gracias a William Tyndale, y no estaríamos tan lejos de la verdad.