Uno de los temas más discutidos y analizados en la historia ha sido sobre el libre albedrío, si es que existe o no. El debate tan divisorio y controversial entre el calvinismo y el arminianismo trata específicamente si el hombre tiene libre albedrío en cuanto a la salvación. El calvinismo tiende a negar el libre albedrío, diciendo que Dios predestina a quienes serán salvos, y el calvinista extremo enseña la “doble predestinación”, argumentando que Dios también predestinó a los no escogidos al infierno.

Ambos extremos son muy peligrosos y hasta heréticos.


El arminianismo, en contraste, afirma el libre albedrío, enseñando que Dios ofrece salvación a todos, pero que la salvación depende si el hombre acepta o rechaza ese regalo. El arminiano extremista enseña la pérdida de salvación, diciendo que depende de uno mismo, y, además, al hacerlo, tienden a poner en duda la soberanía de Dios.

Ambos extremos son muy peligrosos y hasta heréticos. El calvinismo extremo hace ver a Dios como un malvado tirano más parecido a Satanás, y el arminianismo extremo hace ver a Dios como un tierno peluche que sólo sirve de psicólogo y la obra de Jesús queda más como ejemplo, enseñando lo que básicamente es la salvación por obras.

El calvinismo, a la cual reaccionó luego el arminianismo, supuestamente tiene sus raíces en Juan Calvino (1509-64), el teólogo de la Reforma, pero la verdad es que fue evolucionando poco a poco, con el primer uso formalizado de los famosos “5 puntos” siendo recién en 1905. Sabemos que Calvino afirmaba que la salvación no se pierde, también afirmaba la salvación por gracia, además enseñaba sobre la “depravación total” del hombre. Estos conceptos en realidad aparecen primero en los escritos de Agustín, el teólogo favorito de Calvino, y son firmemente basadas en la Palabra de Dios. Pero es mucho más difícil proveer evidencias de que Calvino haya enseñado la “expiación limitada”, que sólo los electos serán salvos. Además, es imposible demostrar que él creía en la “doble predestinación” la cual no es uno de los “5 puntos” del calvinismo tradicional, sino una extensión lógica de la “elección incondicional”. Esa es franca herejía. Entonces, si Juan Calvino estaría vivo hoy, se podría argumentar que ¡sólo defendería 4 de los puntos del “calvinismo”! ¡Qué ironía!

En mi humilde opinión, diría que existe una fuerte tensión bíblica entre el libre albedrío y la soberanía de Dios. Él escoge aquellos que serán salvos, pero a la vez nosotros le escogemos a Él. Mejor es considerar esas dos doctrinas como mejores amigos. Cómo un novio que hace todo para enamorar a una mujer, pero al final ella debe decir “sí”. Aquí el gran problema: si Dios no sabe quiénes serán salvos, entonces no es omnisciente, pero si no existe el libre albedrío, somos casi como robots ya programados a determinado destino.

Existe un gran misterio al corazón de este debate y es mejor es ser humilde y aceptar la existencia de esta poderosa tensión. La iglesia no es definida por su doctrina perfecta en temas secundarios, sino por su unidad y amor. Este debate ha llevado a división y a un engrandecimiento de egos de aquellos que se creen intelectuales, quitando el enfoque del glorioso Señor Jesús. Dios es Quien salva, nuestro deber es proclamar este bendito mensaje al mundo, no sentarse entre hermanos discutiendo y atacando el uno al otro. Estudiemos, analicemos y tengamos discusiones sanas, pero nunca quitemos nuestro centro, al Señor Jesús, y nunca nos distraigamos del ministerio que nos dejó, la Gran Comisión.