Hace unos 800 años atrás, la Iglesia Romana Católica utilizó las Cruzadas para lanzar un ataque militar contra los musulmanes. El Papa enseñó que esto era correcto, declarando que tal violencia era “la voluntad de Dios”. Pero la Iglesia fue llamada por Jesús a proclamar el Evangelio por todo el mundo, y por eso muchos rechazaron tal llamado a la guerra. Los católicos se defendieron, diciendo que Jesús había traído el Reino de Dios y que el deber de la Iglesia era ver que el mundo sea enteramente de Él. Hasta el día de hoy, las guerras, violencias, y crímenes hechos por la Iglesia Católica son una terrible mancha negra sobre su historia.

Es obvio que la Iglesia Católica mal-interpretó el uso del Reino de Dios, pero ¿cómo se lo explica correctamente? Uno de los temas principales para Cristo fue el “reino de Dios”, o el “reino del cielo” como lo llama Mateo. Aunque los cuatro Evangelios fueron escritos en un lenguaje fácil de entender, el significado de muchas enseñanzas y parábolas encontradas ahí llegan a ser difíciles de interpretar. [pullquote align=”left” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Para entender correctamente a Jesús, es de suma importancia entender este Reino del cual hablaba con tanta frecuencia.[/pullquote]

En muchos lugares, la Palabra habla del Reino de Dios literalmente, mostrando que Jesús estaba ofreciendo ser el Rey de un Reino real y eterno. Ya que Jesús sabía que esta oferta sería rechazada y que Él llegaría a la cruz para perdonar nuestros pecados, el Reino prometido es futuro también. En esto vemos el error de la doctrina Católica, ya que nosotros estamos a la espera de un futuro Reino. Al estudiar la Palabra entendemos que Jesús sí volverá algún día como Rey de Reyes durante el Milenio (Apoc. 20:6b, NTV), llevando luego al “cielo nuevo y una tierra nueva” (Apoc. 21:1a). La Biblia resuena con esta gran promesa del futuro, eterno, terrenal, y literal Reino de Dios por medio de Cristo basado en Israel, dando primer lugar a los judíos que se convierten a Él de ese pueblo. El profeta Daniel dijo: “[Vi] a alguien parecido a un hijo de hombre descender con las nubes del cielo. Se acercó al Anciano y… Se le dio autoridad, honra y soberanía sobre todas las naciones del mundo, para que lo obedecieran los de toda raza, nación y lengua. Su gobierno es eterno, no tendrá fin. Su reino jamás será destruido” (7:13-4).

El “hijo de hombre” es Jesús y el Reino que le es ofrecido por Dios es universal y eterno, distinto a todo Reino humano. Jesús mismo vio que Él no sería Rey hasta que Dios se lo dé al inicio del Milenio: “Les digo la verdad, no volveré a beber vino hasta el día en que lo beba nuevo en el reino de Dios” (Marcos 14:25).

Esta explicación del Reino como algo literal y futuro sí encaja muy bien, pero la dificultad surge cuando Jesús combina el Reino con la Iglesia. Cristo inició Su ministerio hablando del Reino de Dios como parte del Evangelio, llamándolo la “Buena Noticia del Reino” en Mateo 4:23. ¿Acaso no hay una contradicción? ¿Acaso no son diferentes el Evangelio y el Reino de Dios?

La Biblia enseña que cuando Jesús aquí hablaba del Reino a veces se refería a la Iglesia que se iniciaría y expandiría por medio de Su obra. Es correcto decir que el Reino de Dios es la Iglesia, con Cristo como Iniciador y Cabeza. Varias parábolas de Jesús expresan esta enseñanza. En Mateo 13:31-2 Jesús enseña: “El reino del cielo es como una semilla de mostaza sembrada en un campo. Es la más pequeña de todas las semillas, pero se convierte en la planta más grande del huerto; crece hasta llegar a ser un árbol y vienen los pájaros a hacer nidos en las ramas.”

Jesús aquí ilustra el Reino de Dios cómo una pequeña semilla que es sembrada y que luego crece a ser un enorme árbol que da hogar a muchos. Cuando aplicamos la teoría de que la Iglesia es el Reino de Dios, vemos que encaja a perfección. La semilla es Jesús, y así como una semilla no puede florecer hasta morir, Jesús no nos pudo ofrecer Salvación hasta que hubo muerto. Fue Su resurrección que hizo posible establecer una Iglesia Universal. La Iglesia se basa enteramente en Cristo y es una sola tal como el árbol, aunque es formada por personas de múltiples lenguajes, países, y culturas, con la mayoría de sus miembros ya muertos. Al mirar la extensión de las ramas que dan hogar a nidos y pájaros, podemos ver el paralelismo en como la Iglesia Universal es formada por miles de miles de iglesias locales en todo el mundo.

Es curioso que ambas interpretaciones tengan el apoyo Bíblico. En Mateo vemos como estos se combinan: “Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el reino del cielo está cerca” (4:17). El arrepentimiento y la restauración con Dios es el centro del Evangelio, entonces podemos decir que esta parte apunta al pronto inicio de la Iglesia. También podemos ver la otra frase y apuntar a las palabras “está cerca”, mostrando como Jesús se estaba proclamando ser Rey de un futuro Reino. Esto es porque la frase “está cerca” es mejor traducido “está a la mano”, lo que nos hace entender que Jesús se estaba declarando como el Rey del Reino de Dios. Si el pueblo judío le aceptaba como su Soberano, el Reino de Dios hubiera empezado.

Entonces, ¿cuál interpretación es la correcta? ¿Es el Reino de Dios la Iglesia actual o es el futuro y eterno Reino de Cristo? Es obvio que ambas interpretaciones tienen peso y versículos a favor. Por eso vemos que las dos son correctas, dependiendo en el contexto. Concluimos que el Reino de Dios habla de la Iglesia que ahora persevera y anhela entrar al eterno Reino Milenial. [pullquote align=”right” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Todo aquel que cree en Cristo como su único Salvador es llamado Hijo de Dios y ha sido prometido entrada directa al cielo, cual la Biblia también llama el Reino de Dios.[/pullquote]

Cristo es el Rey de todo Cristiano ahora, pues Él es nuestro Soberano, Maestro, y la Cabeza de la Iglesia. Pero por ahora Cristo es un Rey sin Su Reino, pues Dios le dijo: “Siéntate en el lugar de honor a mi derecha, hasta que humille a tus enemigos y los ponga por debajo de tus pies” (Salmos 110:1). La clave para entender el Reino de Dios es ver a Cristo como un Rey en exilio. Su Pueblo consiste de la Iglesia y de Israel, los cuales están siendo perseguidos por el mundo – estamos a la espera de Su perfecto y eterno Reino. Por eso la Palabra termina con la oración que brota de nuestro corazón: “¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!”