Encontré este artículo muy bien expuesto sobre nuestro comportamiento real en las redes sociales. ¿Cómo debe ser mi actitud en cuentas sociales?, Josué Barrios nos da mayores detalles al respecto.

1. Si creemos el evangelio, este debe transformar la forma en que usamos las redes sociales. Somos llamados a usar las redes sociales de una manera que glorifique a Dios en respuesta a su evangelio (1 Co. 10:31).

2. Muchos creyentes, usan las redes sociales de una manera que contradicen lo que creen. Por ejemplo, decimos que creemos el evangelio pero deseamos la aprobación de los demás. O decimos que estamos satisfechos en Cristo, pero nos gusta ostentar y dar una imagen distorsionadas de nuestras vidas.

3. Para muchas personas, si algo no está en las redes sociales en verdad no ocurrió. Hemos abrazado una forma de ver la vida en la que lo único que vale la pena es aquello que es publicado, aprobado por otros, y nos hace lucir mejores o con un estilo de vida deseable.

4. Necesitamos ser honestos y reconocer que a veces nos interesa más publicar nuestras vidas que vivirlas. Nos importa más publicar lo que pasa por nuestra mente que tener pensamientos excelentes en nuestras mentes. Peor aún, a veces nos interesa más ver qué hay de nuevo en las redes sociales que vivir nuestras propias vidas.

5. Debemos reconocer que las redes sociales tienen algunos aspectos positivos (por ejemplo, nos permiten comunicarnos con otros para bien) y el surgir de ellas es inevitable porque somos hechos a imagen de un Dios Trino, personal y relacional.

6. Nuestro Dios diseñó que las redes sociales existieran en nuestra época, y ellas pueden ser usadas para bien o para mal. La forma en que las usamos puede dañar a otros y a nosotros mismos, o puede ser de edificación. Puede llevarnos por el camino de la sabiduría o por el camino de la necedad. Puede honrar a Cristo o puede deshonrarlo.

7. Unas de las cosas que más nos sorprenderán en el último día, cuando contemplemos al Señor en toda su belleza, será el tiempo que perdimos en las redes sociales, usándolas de maneras no sabias en vez de vivir para la gloria de Dios.

8. Nuestro pecado es la principal razón por la que se nos hace difícil usar las redes de una manera que honre a Dios. Como decía Calvino, nuestros corazones son fábricas de ídolos. Solemos preferir otras cosas antes que a Dios. Por eso usamos las redes sociales para nuestra propia gloria, e incluso podemos hacerlo en el nombre del “ministerio”. Nos gusta ser vistos, sentirnos importantes, tener siempre la razón. No amamos a Dios con todo nuestro corazón ni amamos al prójimo como a nosotros mismos.

9. Las personas detrás de las redes sociales no están interesadas en que glorifiques a Dios en ellas. Que tú vivas para la gloria de Dios no está en la lista de prioridades de Facebook, Google, Twitter, y otras empresas.

10. Cuando las empresas detrás de las redes sociales las diseñan y ajustan para que impactar la forma en que actúas (llevándote a pasar más tiempo en ellas o compartiendo más cosas), y gobernando tu atención haciéndolas adictivas con ayuda de expertos en comportamiento humano, ellas están básicamente detrás de tu corazón.

11. Las redes sociales quieren nuestros corazones porque en ellas el verdadero producto somos nosotros, a quienes las marcas y los anunciantes pueden dirigir publicidad e información segmentada gracias a que hemos cedido nuestra privacidad en ellas. Nuestros datos son usados para vendernos productos o ideas apelando a nuestros anhelos y emociones.

12. Así como en Matrix las personas eran entretenidas en un mundo digital para que las máquinas pudieran alimentarse de ellas, las redes sociales nos quieren enredados en ellas para su beneficio. Lo que pareciera una pesadilla de ciencia ficción es una realidad.

13. Los cristianos (y toda persona, en realidad) debemos entender que nuestra atención y privacidad son el recurso más valioso que las grandes compañías tecnológicas y las redes sociales quieren. Rendimos voluntariamente nuestra atención y privacidad cada vez que hacemos clic, publicamos algo, o nos entretenemos viendo algo.

14. Las redes sociales están diseñadas para ser adictivas. Esto afecta nuestra relación con otras personas. Por ejemplo, a todos nos ha pasado que cada vez tenemos menos conversaciones profundas debido a la presencia de nuestros teléfonos cerca. Pero esto también impacta nuestra relación con Dios, al distraernos de buscar su voluntad.

15. El botón “me gusta” es un ejemplo de las cosas que hacen las redes sociales en la lucha por tu corazón. No existe por accidente, fue diseñado para ayudarnos a tratar de satisfacer nuestra sed de aprobación, contribuyendo a que dependamos de las redes sociales. Está científicamente comprobado que recibir “me gustas” puede ser una experiencia altamente adictiva. Esto nos recuerda que debemos ver las redes sociales desde una cosmovisión bíblica, buscando usarlas con sabiduría.

16. Dios diseñó la forma en que funcionamos, y la Biblia enseña que nuestro deseo de aprobación de otros no es malo en sí mismo ni en todos los casos. Estar satisfechos con la aprobación de Dios y Su “me gusta”, que tenemos por medio de Cristo, debe ser suficiente para el creyente. No obstante, las redes sociales, al aprovecharse del desorden que el pecado trae a nuestras vidas, explotan para sus beneficios la forma en que Dios nos hizo.

17. No puedes ser avivado para estar entregado a algo si no das atención a eso. Y lo mismo ocurre con Dios. Por lo tanto, los creyentes debemos preguntarnos: ¿Cómo vivir en devoción a Dios cuando las redes sociales quieren dirigir nuestra atención a otra parte?

18. El discipulado en el siglo XXI demanda enseñarnos bíblicamente cómo confrontar y destronar de nuestros corazones el ídolo de la superficialidad de nuestra cultura, nuestra obsesión por lo nuevo y atractivo, que entendamos los peligros de entregar nuestros corazones a los baales de Silicon Valley.

19. Nuestro discipulado hoy debe lidiar con cómo obedecer los mandamientos más grandes (amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos) en el momento en que vivimos, saturados de redes sociales.

20. Debemos tener un buen entendimiento de la tecnología para discipular a otros, pero también es necesario modelar cómo usarla correctamente. Por ejemplo, ¿cómo enseñar el valor del silencio, la paciencia, y el dominio propio a las personas que discipulamos si a cada rato publicamos en las redes cualquier cosa que pasa por nuestras mentes? ¿Cómo enseñar que Cristo satisface la sed de aprobación en nuestros corazones si vivimos buscando la aprobación de otros en Internet?

21. Vivir con sabiduría en nuestra era de redes sociales parece difícil, pero Dios ha prometido estar a nuestro lado hasta el fin del mundo. A fin de cuentas, las redes sociales podrán querer nuestros corazones, pero solo Uno murió por ellos y los tendrá para siempre.