Un gran grupo de personas camina en el soleado desierto de Shur (zona del medio oriente). Tres largos días con la cansadora rutina de mover las piernas una y otra vez en la espesa y ardiente superficie arenosa, puede fatigar a cualquiera.

Alguien en el sediento grupo saca su odre de cuero mientras camina; irradia por sus ojos cansancio, impotencia, pero “lo último que muere es la esperanza” – ¿verdad? Así que, esta persona abre el odre y lo empieza a suspender hacia arriba abriendo temblorosamente su boca a solo centímetros de la boquilla del contenedor. Anhelaba que solo una gota saliera y refrescara su lengua seca y mojara sus labios partidos, pero los desesperados movimientos no sacan más que polvo de aquel odre sucio, mientras las otras personas a su alrededor solo miran resignados el esperanzado intento.

Ahora ¡hasta la esperanza agoniza! Pero – ¡Esperen! – dijo la persona del odre – miren al frente y díganme si ustedes ven lo que yo veo (temiendo que se tratara de un espejismo) Algo brillaba a la distancia y todos lo veían, no era ni una ilusión o alucinación. La esperanza había vuelto e inyectó fuerzas a todos para emprender la carrera hacia ese lugar. Mientras corrían, todos imaginaban lo que harían al llegar: Si se tratara de un estanque o un pozo de agua, simplemente sumergirían sus cabezas en esas refrescantes aguas y beberían hasta quedar satisfechos. A unos cuantos metros antes de llegar divisaron con claridad el gran estanque con sus aguas cristalinas, las sonrisas no se hicieron esperar pues sus vidas se habían salvado.

Los primeros en llegar sumergieron sus cabezas en el estanque, pero al instante las sacaron y se miraron entre ellos. Los que venían por atrás vieron la sorpresiva reacción de los primeros y supieron que algo no andaba bien. Las aguas que habían encontrado en ese ardiente desierto después de tres días de caminar y caminar, eran aguas amargas, imposible para el consumo; algunos lo intentaron por la desesperación, pero no la pudieron beber.

[pullquote align=”right” cite=”” link=”” color=”#FF6E09″ class=”” size=””]¿Qué hace un estanque de aguas amargas en medio de un desierto abrazador? – ¿Para qué sirve? – ¿Puede hacer algo más que matar la esperanza de aquellos que agonizan? Simplemente ¡no sirve para nada!.[/pullquote]

¿Alguna vez te sentiste así de inservible? O ¿quizás te lo han dicho muchas veces?  Tal vez no con palabras, pero sí con sus acciones. Yo sé lo que se siente considerar que tu vida no tiene sentido ni razón de ser, que todo lo que haces es tan vano como aguas amargas que no sirven para dar vida ni esperanza.

Lo que te acabo de contar es una historia real. El pueblo de Israel caminó tres días por el desierto de Shur después de salir de Egipto, y al encontrar su única fuente de esperanza y vida; de ésta solo brotaban aguas amargas (Éxodo 15:22-27). ¿Por qué permitiría Dios algo como esto? Pues,  porque Dios quiere enseñar que Él puede hacer de lo inservible algo útil, de lo desechado algo valioso.

Moisés clamó a Dios, y el Señor  transformó esas aguas amargas en exquisita agua dulce, y todo el pueblo bebió y sació su sed y vivió. Dios quiere que sepas que Él puede hacer de ti algo valioso, de bendición y de honra para Dios.

Cuando Dios llamó a Moisés para su obra, él puso como excusa que era “tardo en el habla y torpe de lengua” pero el Señor lo usó en gran manera, y hoy se lo conoce como un gran líder en la historia. Aod fue otro siervo que Dios usó para librar a su pueblo de la esclavitud, y me encanta que en el capítulo 3 verso 15 del libro de los Jueces, la palabra de Dios recalca con énfasis que este hombre era surdo, es decir, diferente al resto. Nosotros vivimos en un mundo que está acomodado para cierto tipo de personas, y aquellos que no entran en el molde son diferentes, y si eres diferente eres despreciado, y para el mundo eres inservible.

¿Te hacen a un lado por ser débil? Como dijo el apóstol Pablo: Dios se glorifica en la debilidad, pues Dios usa lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte, y lo vil y menospreciado usa Dios para su gloria. De esta manera tenemos registrada la historia del pastorcillo despreciado por sus hermanos, derribando al gigante armado y fuerte, para luego, ponerlo Dios como Rey y guiador de su pueblo. Cristo llamó para el servicio en su obra a simples pescadores como Pedro, Andrés, Jacobo y Juan; y fueron  pioneros de la iglesia y cómo lucharon por el evangelio hasta las últimas consecuencias.

Hay muchos otros ejemplos de personas usadas por Dios que le glorificaron, y ahora, déjame recordarte que el Señor  te salvó porque te ama desmedidamente y también  tiene un propósito contigo. Si aceptaste a Cristo como tu salvador y recibiste así el perdón de tus pecados, estás listo, como el profeta Isaías cuando fue llamado, para seguirle y servirle. El valor que tienes es el de la sangre del Señor Jesucristo y no hay riquezas en el mundo ni nada más valioso en el universo que se compare con eso.

En la carta a Tito capítulo 2 verso 15 Pablo anima a este siervo y le dice: Nadie te menosprecie.  Amado hermano y hermana que lees esto, “Nadie te menosprecie”, “Pelea la buena batalla de la fe” 1tim 6:12 “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” 2 Ti. 2: 3-4.

Clama a Dios por su ayuda, porque alejado de Él no lo podrás hacer. Pide al Señor dirección para hacer su voluntad; si aún no sabes lo que quiere para ti, no te sientas diferente por eso, porque un gran salmista clamó a Dios por ese motivo, y concluiré con su oración: “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios…” Sal. 143:10