No hay nada en toda la tierra con más valor que la verdadera amistad. – Tomás de Aquino.

Una idea curiosa empezó a formarse en mi mente cuando leía los Cantares de Salomón, pues ahí dice: “Su boca es la dulzura misma; él es deseable en todo sentido. Así es mi amante, mi amigo, oh mujeres de Jerusalén” (5:16; NTV). Aquí la mujer está hablando, confesando su amor y lealtad hacia su esposo. Llama la atención la manera que, inspirado por Dios, Salomón vincula el matrimonio y la amistad con un paralelismo de “mi amante” y “mi amigo”.

Admito que a mí me falta experiencia para hablar del matrimonio y no pienso hacer eso. Pero para entender mejor este concepto de la amistad, tenemos que empezar donde lo inicié yo.

La mayoría de los matrimonios comienzan con algún tipo de amistad, y en el día de bodas disfrutamos ver cómo las caras de los novios están brillando de felicidad y satisfacción. [pullquote align=”left” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Sin embargo, ¿cómo es que parejas tan enamoradas pronto se transforman de amigos en socios de negocio?[/pullquote]

¡Incluso algunos se cambian de amigos a enemigos! Nos gustaría imaginar que todos los matrimonios son casi perfectos, especialmente dentro de la Iglesia, pero no nos podemos negar la realidad.

Esto trae otro problema moderno a la mente: ¿Por qué crece el pensamiento que el tener hijos es una carga, una dificultad, y algo estresante? Las estadísticas hablan por sí solas, pues es común en el mundo occidental tener sólo uno o dos niños por familia. La Palabra nos enseña que los hijos son una bendición de Dios, y que el matrimonio es el núcleo central de la sociedad. ¿Acaso no dijo Dios que “no es bueno” que el hombre esté solo (Génesis 2:18)? ¿Acaso no nos mandó: “Sean fructíferos y multiplíquense” (Génesis 1:22)? Ahora, en algunos casos el quedarse soltero o no tener tantos hijos puede llegar a ser un verdadero beneficio, pero sólo si es la voluntad de Dios. Estas son excepciones a la regla. En Génesis vemos que el primer gran regalo que Dios dio a la humanidad fue la familia. Con una base Bíblica, un entendimiento correcto de la familia puede transformar el mal concepto cultural en la prometida bendición que Dios diseñó.

Ahora debemos fusionar la amistad con el matrimonio: ¿Cómo sería el matrimonio si la amistad fuera su centro, en lugar de una larga lista de trabajos, tareas y exigencias?

En nuestra cultura moderna, el modo en que muchos ven al conyugue es como simples socios de negocios. Lo mismo con los otros miembros de la iglesia y a los amigos – esto es una forma muy egocéntrica y triste de vivir. La idea popular de hoy se trata de querer dar sólo para recibir, poner de mi parte para que el otro ponga el suyo, y al final de cuentas uno busca ‘tenerlo todo’.  En realidad, esto es perder de vista el objetivo de la vida misma, cuyo propósito debería ser el encontrar la seguridad de salvación a través de Jesús, amar a Dios con el fin de amar a los demás, ayudar a construir buenas familias y comunidades, e invertir en las cosas que perdurarán por toda la eternidad. Tal vez se podría resumir el propósito humano en una sola palabra – amistad. No creo haber oído jamás un mensaje sobre la importancia de la amistad en el matrimonio, ni tampoco he escuchado algún mensaje sobre cómo ser un verdadero amigo con nuestros hermanos en la iglesia. Quizá es más notable cuan pocas veces he oído mensajes que meditan sobre Dios como nuestro verdadero y eterno Amigo.

Tal vez muchos de ustedes son como yo, demasiado enfocados en los trabajos y esforzándose mucho en las cosas en lugar de hacer amigos e invertir en las personas. Nos inventamos un montón de excusas para no hacerlo: decimos ser introvertidos, demasiado ocupados, o como un misionero una vez le dijo a otro: “Me alegro de que tú hayas tenido tiempo para esas cosas, pero yo estoy demasiado ocupado con cosas más importantes como para visitar a las personas y platicar.” Sin embargo, cuando ponemos la vida en perspectiva correcta, las cosas que duran para siempre son nuestros amigos, nuestra relación con Dios, y la Palabra de Dios. Por lo tanto, el ser un buen amigo vale más que todo el dinero, los proyectos completados, y el éxito que podríamos alcanzar.

“No hay mayor consuelo que la sincera lealtad y afecto mutuo entre buenos y verdaderos amigos.” – Agustín.

¿Cómo podemos reconocer un amigo “bueno y verdadero”?

1. Proverbios 27:6 nos enseña que un verdadero amigo dice la verdad aun si es hiriente o difícil, incluso si le podría costar la pérdida de la amistad.
2. Proverbios 18:24 nos enseña que un verdadero amigo es fiel, sin importar las circunstancias. Tal amigo estará allí en nuestros momentos más difíciles, los más vergonzosos, y sobre todo cuando los otros nos han dado las espaldas.
3. Proverbios 27:17 nos enseña que un verdadero amigo ama de corazón al otro, buscando el bien del otro más que el suyo. La amistad entre David y Jonathan me viene a la mente, donde vemos como Jonathan habría dejado libremente su derecho al trono para que David lo tome, confiando que era la voluntad de Dios.

En vista de estas cualificaciones, me di cuenta de que hay muy pocas personas y quizá ninguna en el mundo que se ajuste a tal descripción. ¿Hemos tenido alguna vez un amigo como este? ¿Hemos sido un amigo así para otro? Proverbios 18:24 enseña que “el hombre que quiera tener amigos debe mostrarse un buen amigo.” Verdaderos amigos son difíciles de conseguir, y quizá sólo tendremos uno o dos de ellos en toda nuestra vida. Por lo tanto, tal vez deberíamos estar más dispuestos a utilizar palabras como “conocidos” para diferenciarlos a la mayoría de personas que conocemos. La palabra “amigo” debe ser una palabra muy especial para nosotros, no una usada para hablar de cualquier persona que llegamos a conocer. Debemos esforzarnos para ser amigo fiel y constante para con los verdaderos amigos.

La amistad parece jugar un papel fundamental, no sólo en la vida, sino en la Biblia misma, por lo tanto debemos profundizar un poco más sobre este tema. Mientras meditaba sobre este curioso enlace de Salomón en Cantares entre el matrimonio y la amistad, me pregunté: ¿El Evangelio también se fundó sobre la amistad?

Tal vez debemos empezar con otra pregunta que luego nos pueda llevar a éste –  ¿Es Dios mi amigo? En un momento de quebranto, San Agustín reflexionó sobre esta cuestión: “Mira qué dolores de parto parecían romper mi corazón, como gimió por Tu ayuda, ¡oh Dios mío! Y allí, sin que lo supiese, estaban Tus oídos atentos, pues en cuanto peleaba silenciosamente con los sufrimientos de mi ser, mi mente clamaba a gritos por Tu misericordia. Sólo Tú conocías mi dolor, y nadie más, ¡pues me era imposible expresar mi dolor aún a mis amigos más cercanos! ¿Acaso podían sus oídos captar o entender los terribles disturbios que amenazaban a ahogar mi alma, algo que no tenía ni el tiempo ni la elocuencia para articular?”

Tal como Agustín expresó, Dios no es tan sólo un buen amigo, pues Él puede ser el más fiel, más íntimo, y el más perfecto Amigo de amigos. Nada demuestra esta realidad con más claridad que el amor de Cristo ofrecido al mundo en la cruz. [pullquote align=”left” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]¡Ciertamente Cristo es más Padre que cualquier padre, más Hermano que cualquier hermano, más Amigo que cualquier amigo![/pullquote]

Jesús se abrió a Sus fieles discípulos diciendo: “Ya no los llamo esclavos, porque el amo no confía sus asuntos a los esclavos. Ustedes ahora son mis amigos, porque les he contado todo lo que el Padre me dijo” (Juan 15:15). También profetizó sobre su muerte: “No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos” (Juan 15:13).

Jesucristo es tu amigo y mi amigo en formas tan maravillosas, ilustrando a perfección lo que significa ser un amigo – verdadero, fiel, y lleno de amor. Tal vez la mayor faceta del amor que Cristo tiene por mí es la realidad de que en su amor me defiende e incluso me levanta a pesar de ser tan pecaminoso.

Como seres humanos, constantemente cometemos “adulterio espiritual” contra Dios – cuando buscamos la satisfacción en otra cosa que no sea Él, quién es el dador de todo nuestro bien. Dios a menudo llamaba a Israel a ser Su novia y esposa, lo mismo a Su Iglesia. Aún en vista de tan grande amor, el Pueblo judío y la Iglesia a menudo le ofende terriblemente a Dios. Buscan el amor en los lugares equivocados, adorando lo creado en lugar del Creador y amando al mundo antes que a su Dios.

Te animo a meditar en esta pregunta: ¿Cuántas veces podrías perdonar a tu marido/esposa que  descaradamente comete adulterio? ¿Quizá una vez, dos veces, o nunca? Por medio de Cristo Dios responde a esa pregunta declarando: “Siempre,” y esto es algo absolutamente inmerecido, sorprendente, y hermoso. Sabiendo esto, Pablo exclama: “Estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios” (Romanos 8:38). Eso es fidelidad perfecta y amor inmerecido. ¡Tal es la promesa de nuestro Amigo, el Señor Jesucristo!