Es necesario que admita algo desde el principio: soy un fan de las películas de súper héroes – si me preguntan sobre el héroe que más me gusta, tranquilamente puedo responderles que es “Iron Man” – he visto y tengo las tres películas del hombre de la armadura de hierro, es más, sueño con tener a Jarvis en algunas ocasiones. La mayoría hemos tenido y disfrutado de nuestros héroes en la infancia. Debo hacer notar que tengo el gran privilegio de ver cómo todos mis dibujos animados se hacen películas. Nací en una gran época.

En todo caso, me sorprende ver cómo es que al crecer y hacernos más grandes, perdemos la capacidad de encontrar héroes, perdemos la capacidad hasta de imaginarnos como héroes a nosotros mismos.

Por favor, ¿nunca se imaginaron ustedes mismos siendo los salvadores del mundo o derrotando a esos tan malvados enemigos que de alguna manera tratan de dañar lo que más amamos? – pero, con todo, siempre me pregunto por qué hay quienes dejan de creer en ser héroes. Quizá -pienso- es porque dejamos de ser inocentes, dejamos que nuestro niño interior muera ante las cosas que nos suceden en la vida y nos volvemos un tanto pre juiciosos y sin tacto alguno.

¿Se han preguntado por qué es que una gran cantidad de adolescentes y jóvenes son atraídos por las películas de súper héroes hoy en día? – tanto Marvel como DC Comics (que son las empresas más grandes dueñas de los derechos de súper héroes más conocidos) están apostando por llevar a la pantalla grande todas las historias de los héroes que antes se veían sólo en dibujos animados. Considero seriamente que nuestra juventud desea identificarse y tener un referente a seguir para su vida.

Suena bastante espiritual decir y, fácilmente, mostrar a Jesús como un referente a seguir. Estoy completamente de acuerdo que debe ser así. Cristo es nuestra guía en todo sentido, es nuestro ejemplo y debemos seguir sus pasos; porque Él mismo nos recuerda que debemos andar como él anduvo. Pero, pensando bien, en muchas ocasiones decimos a los jóvenes la frase – rebosada de espiritualidad: “sigue a Jesús, sigue sus pasos…” solamente para evitar la responsabilidad de ser ejemplos para otros en todo sentido.

Pablo nos dice una frase, que si fuera dicha por algunos de nosotros sería tomada como un acto de orgullo o pedantería total. Sean imitadores de mi (Fil. 3:17 y 1 Cor. 11:1). Noto que, más allá de querer sonar pedante, el autor de estos versículos se esta poniendo una gran responsabilidad sobre las espaldas, la de ser un referente de vida para otros.

¿Cómo es que Pablo se toma la libertad de hacer tal declaración? – creo la respuesta la podemos encontrar fácilmente en los versos 12 y 13 de Filipenses 3 (NTV). “No quiero decir que ya haya logrado estas cosas ni que ya haya alcanzado la perfección; pero sigo adelante a fin de hacer mía esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente me hizo suyo. No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro únicamente en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante…” – Pablo seguía en la pelea diaria de ser como Cristo.

Dos cosas importantes:

1 – No pongo mi mirada en el pasado.

Es lo que muchas veces nos impide seguir adelante, mirar atrás. Nuestros errores y tropezones en la vida son parte de nuestro pasado, no dejemos que nos defina el futuro. Alguna vez leí algo al respecto: “¿por qué el parabrisas de un auto es más grande que el espejo retrovisor? Porque es más importante lo que tenemos delante y no lo que dejamos atrás”. Miremos adelante, pongamos nuestras fuerzas para seguir con el siguiente paso, concentremos nuestras energías en avanzar hacia lo que Cristo tiene para nosotros. El pasado solo nos debe servir como referencia, no como un lugar de estadía.

2 – Me extiendo a lo que tengo delante.

“Donde pongo el ojo, pongo la bala” reza una frase del salvaje oeste, ¿recuerdan?. Poner la mirada, fijarla en una meta es lo que nos define en el presente. Mi meta es alcanzar lo que Cristo tiene para mi, entonces me concentro en hacerlo. ¿Recuerdan la canción infantil “Cristo quiere que subamos más?” – “...mirando al mundo, bajaremos más. Subamos, subamos mirando a Cristo, cada día más.” Y creo que así va la cosa, con una pelea diaria, todos los días mirando a Cristo, solamente así podemos llegar hacia la meta. Si mi mirada esta en el mundo, entonces no hay duda que vamos para abajo, lejos de la voluntad de Dios.

Si lideras en una iglesia, si trabajas en Oansa, si te involucras con los niños, adolescentes o jóvenes, si de alguna manera trabajas en un lugar donde hay otros que te miran liderar, entonces estas en los ojos de muchas personas; ya sea como ejemplo o como blanco de críticas (siempre hay gente buena y de la otra). Aunque no te animes a admitirlo, eres parte de un grupo selecto y especial. Dios te confió vidas para que las guíes, y aunque no te guste la idea, de manera implícita estas diciendo: “sean mis imitadores, porque yo imito a Cristo”.

Podemos ser como Pablo al afirmar que no somos perfectos; pero al mismo tiempo estamos peleando diariamente para alcanzar esa perfección en Cristo; y eso se hace olvidando el pasado y mirando lo que tenemos por delante.

¿Necesitamos más héroes en nuestras iglesias? Yo creo que sí, y mucho; necesitamos líderes que con sus vidas demuestren que se puede seguir a Cristo, que podemos tropezar y caer; pero que con la gracia de Dios podemos levantarnos de nuevo. Necesitamos líderes que muestren el compromiso de santidad para con Dios, necesitamos líderes que se levanten aún más. Tú eres parte de ese grupo selecto y único.