Quizás es una frase que trae no muy lindos recuerdos a muchos, “No eres tú, soy yo”. La razón es porque en el mundo se la ha conocido como la frase rompe relaciones, donde la persona que la usa es aquella que quiere terminar una relación con alguien, pero de la manera más sofisticada y menos dolorosa. Podría decirse que se intenta hacer notar que la otra persona no tiene culpa alguna de lo que está sucediendo sino que las dudas, problemas personales o, a veces, razones inexplicables que llevan a la decisión de romper la relación, están y caen solamente sobre la persona que te dice: No eres tú, soy yo.

Muchas veces Dios nos dirá implícitamente esta frase en su palabra, pero no en el contexto que nosotros la conocemos. El contexto en el que Dios nos habla, no es para romper una relación sino para restablecer la relación que nosotros rompimos con Él por nuestro pecado y rebeldía.

Nos dirá que “No eres tú”, es decir, que tú no buscaste a Dios porque sí; Él tomó la iniciativa y desde el principio buscó la solución para la desobediencia del hombre y por eso envió a Cristo, para pagar nuestra deuda y tengamos, por medio de él, opción de arrepentimiento y perdón de pecados; Luego nosotros decidimos seguir al Señor y amarle con todo nuestro corazón, pero basados indiscutiblemente en que “Él nos amó primero” (1Juan 4:19).

Nos dirá que “No eres tú” para recordarnos que las obras nuestras, por sí solas, son como trapos sucios delante de Él y no nos sirven para nada en lo que se refiere a la salvación de nuestras almas y el perdón de nuestras iniquidades y mucho menos para agradar a Dios con nuestras obras, por cuanto estamos en pecado. En Efesios 2: 8-9 dice: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe. El gloriarnos por lo que somos y hacemos resulta vano, porque recuérdalo bien, “No eres tú”.

[pullquote align=”right” cite=”” link=”” color=”#FF6E09″ class=”” size=””]Si tú crees que por ti mismo puedes limpiarte del pecado, y te glorías en eso, es una falsedad y Dios aborrece lo que hay en tu corazón. “No eres tú”.[/pullquote]¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, Limpio estoy de mi pecado? Pesa falsa y medida falsa, Ambas cosas son abominación a Jehová (Proverbios 20:9-10).

En 1 Crónicas 21 vemos un gran pecado del rey David al censar al pueblo de Israel y Judá. Pero alguien dirá ¿Qué tiene de malo el censo? ¿Es pecado censar? !No! no es pecado censar, el problema está en las intenciones de nuestras acciones; no olvidemos que Dios ve las intenciones del corazón. Y el resultado al finalizar el censo fue: Un millón cien mil hombres que sacaban espada de Israel y cuatrocientos setenta mil de Judá.

¡Qué gran ejército levantó David! ¿Verdad? Pues Dios le enseñaría que “No era David” sino el Poderoso Dios quien le dio ese gran ejército. Y el Señor reprendió a David tocando con una terrible peste a la razón de su gloria (Su ejército) Y murieron setenta mil por aquella peste y venía más destrucción, pero Dios, que es rico en misericordia, detuvo el castigo. La gloria no debe ser para nosotros, no lo olvides, “No eres tú”. Para continuar con lo que falta de la frase usaremos un poco de retórica y diremos que todo depende del “YO SOY”.

Alguien me preguntó una vez ¿Cuál es tu concepto de Dios? y pensé que si respondía con la etimología de la palabra o el significado en el idioma original o simplemente me basaba en lo que dice un diccionario, estaría dando un concepto, pero no el mío. Por eso mi concepto de Dios está basado en su propia palabra, en lo que Él mismo respondió a Moisés en el éxodo, y es el magnífico nombre de “YO SOY EL QUE SOY”, es decir, que Él existe por sí mismo, que no hay otro como Él, que es único en omnipotencia, soberanía, gloria, justicia, misericordia, amor, omnisciencia, y muchos otros atributos que hacen del “YO SOY” quien Es. Por eso es Dios.

Esa es la razón por la cual ¡No eres tú! ”YO SOY”, El que fundó la tierra, quien ordenó sus medidas, quien encerró con puertas el mar, quien mandó a la mañana y mostró al alba su lugar, YO SOY quien repartió conducto al turbión, y dio camino a los relámpagos y truenos. “YO SOY” dijo el Señor a Job desde el capítulo 38 hasta el 40 para hacerle entender que no hay nadie como Él en inmedible grandeza.

[pullquote align=”left” cite=”” link=”” color=”#FF6E09″ class=”” size=””]La verdad es que, hacemos lo que hacemos y estamos donde estamos porque Dios tuvo misericordia de nosotros y mostró su amor y justicia en el sacrificio perfecto de Jesucristo.[/pullquote]Él da porque es soberano, misericordioso y Dios de gracia. Él quita porque es soberano, omnisciente y justo. Él salva porque es soberano, misericordioso y es amor. Si nos gloriamos, gloriémonos en el Señor, como dijo el apóstol Pablo.

¿Sirves a Dios y el ministerio está firme? Dale gloria a Dios. ¿Aceptaste a Cristo como Señor y Salvador de tu vida y todos ven el cambio en ti? Dale gloria a Dios. ¿Estás pasando por un momento de difícil prueba en tu vida? Dale gloria a Dios, porque sus ojos están puestos en ti. Él nos moldea y fortalece nuestra fe a través de las pruebas; tal como comenta el hermano Willy Acosta en uno de sus artículos y nos habla de este tema.

En fin, debemos entender que Dios, siendo soberano, es decir, que hace lo que quiere, como quiere y cuando quiere; pues quiso, en su soberanía, salvarnos de la condenación del pecado y restablecer aquella relación que nosotros rompimos por nuestra iniquidad. Y si comprendemos la inmensidad del Señor, podremos ensalzar su nombre y decir:

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿Quién entendió la mente del Señor? ¿O quien fue su consejero? ¿O quien le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén (Rom 11:33-36).

¡No eres tú! “YO SOY”.