Pasaron 17 años, cuando recibió el beso inesperado. Kevin Mollo es en la actualidad, una influencia muy importante para muchos jóvenes.

Kevin Hernán Mollo Méndez, nació el 3 de agosto del año 1997 en Roboré en el seno de una familia católica. A sus 5 meses, se mudó con sus padres al municipio de Quillacollo en el Departamento de Cochabamba.

Sus padres, Hernán Mollo Rojas y Nardy Méndez Rojas, se separaron cuando Kevin tenía tan solo 3 años, razón por la que vivió y creció junto a su tía Wilma Mollo Rojas y su prima Elvia Arce. El año 2007 su madre decidió llevarlo a vivir junto a ella en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, y continuar con sus estudios allí.

Nardy Méndez, madre de kevin, trabajaba en la Gobernación de Santa Cruz, por lo que hacía constantes viajes al interior del departamento, dejando a su hijo solo en casa.

Sumergido en el descontrol
Debido a la falta de control, el joven comenzó a frecuentar un grupo que se solía reunir muy cerca de su casa, en donde en muy poco tiempo, fue parte de aquel grupo.

Fue a sus 13 años, cuando Kevin probó la marihuana por primera vez, haciéndola parte de su vida y acompañante de sus actividades. Peleas entre pandillas, robos, fiestas y  un descontrol en sus acciones, eran algunas de las rutinas con aquel grupo.

El mensaje que cambió todo
En julio del año 2013, Kevin viajó a Cochabamba a visitar a su tía Wilma y a su prima Elvia. Su prima Elvia, asistía a una iglesia evangélica, ubicada en la Av. Blanco Galindo Km 1; e invitó a su sobrino que la acompañe un sábado por la noche, a una de sus reuniones.

En aquella iglesia, al finalizar la reunión, se acercó un joven llamado Andrés, a hablar con él. Conversaron aproximadamente unas 2 horas; el tema central, el amor de Dios.

Por todo lo que Kevin había pasado desde la separación de sus padres, cuando el era un niño, le era muy difícil concebir la idea de un Dios de amor, cuando no había hecho nada para evitar aquello.

La charla terminó con una invitación del joven hacia Kevin: “Dios te está llamando el día de hoy, y quiere que tú sepas que Él es real, y que hará todo lo necesario por traerte a sus brazos; Él te ama tanto que envió a su Hijo unigénito a este mundo para morir en una cruz en tu lugar, y perdonarte de todos tus pecados y presentarte justo delante Él mismo. Dios no te obliga a venir a Él, pero si un día decides hacerlo, avísame porque estaré muy gozoso de saberlo”. Kevin regresó a Santa Cruz al día siguiente.

El fuego que prueba la fe
Fueron solo 3 días los que pasaron de aquella conversación, cuando Kevin sintió un dolor muy agudo en la zona de la ingle. Fue llevado de emergencia al hospital en la ciudad de Santa Cruz. Le diagnosticaron un tumor – canceroso, provocado por una herida producida en una pelea anterior; el mismo que había llegado a afectar uno de sus testículos. Al escuchar aquella noticia, solo vino a su mente aquellas palabras de ese joven: “Dios hará todo lo necesario por traerte a sus brazos”.

En aquella cama de hospital, horas después de recibir la noticia de la enfermedad encontrada en él, Kevin decidió ir a los brazos de Dios y entregarle su corazón y vida en sus manos; reconociendo lo frágil que somos y cómo en cualquier momento la vida se desvanece; reconoció su condición de pecador y que si ese día se encontrara cara a cara con Dios, el destino que le esperaba era un castigo eterno; aceptó a Cristo como su Señor y Salvador. Esa misma noche mandó avisar la noticia de su decisión a aquel joven, como lo había prometido, diciéndole: “Comprobé que sí existe, y le acepto”.

En agosto del año 2013, fue a vivir a Quillacollo junto a su tía Wilma y a su prima Elvia, quienes cuidaban de él. Durante los primeros meses asistió a la iglesia junto con su prima, comenzó a estudiar la palabra de Dios y hablar a los demás de como Cristo lo perdonó a pesar de todo lo que él había hecho.

En septiembre del mismo año, le extirparon el testículo afectado y empezó el tratamiento de la quimioterapia. Fueron 3 meses dolorosos de tratamiento.

En Febrero del 2014, volvió a los estudios en el colegio Washington del municipio de Quillacollo. Muchos sueños y anhelos de vivir llenaban su ser luego de aquel momento de tormenta que había pasado. Lograr el bachillerato e ir a estudiar para policía, uno de sus favoritos.

Pero así como volvieron los deseos, también regresaron algunos malos hábitos, que parecían dejar a un lado la decisión proclamada meses atrás.

Al ver una mejoría en su condición de salud, cómo su cuerpo se volvía a fortalecer; colocó en un segundo plano su comunión con Dios, es decir, su lectura de la palabra, la oración y el congregarse a la iglesia. (Pero es maravilloso ver como Dios ama a sus hijos, y siempre está dispuesto a esperar con los brazos abiertos a aquel hijo pródigo que pidió su herencia y la malgastó, pero arrepentido regresa).

La perfección de los hechos inexplicables
En junio de aquel año, fue llevado de emergencia a la caja nacional. El dolor había vuelto. Los análisis dijeron que la quimioterapia no funcionó, y que el tumor y el cáncer se habían expandido a varios órganos, y que ya no tenía solución. Aquel día le dieron 1 mes de vida.

Una noticia de tal magnitud, podría acabar con la esperanza de cualquier persona. Dejar sin deseos y anhelos de vivir ese mes.
Kevin volvió a recordar aquellas palabras de su ahora amigo Andrés, que Dios haría lo necesario para traerlo a sus brazos. Fue ahí que entendió que Dios tenía un propósito con su vida, aún con esa situación muy difícil que estaba atravesando. Le pidió desde aquel momento, no que lo sanase, sino que hiciese Su voluntad con esa enfermedad.

Durante más de un mes Kevin invitó a sus amigos de la iglesia a que hablaran de Cristo en su casa, a toda su familia, que hasta aquel día tenían un rechazo fuerte hacia el evangelio, y que debido al pedido de él, accedieron a escuchar una y otra vez; y cada vez cuando alguien le preguntaba, ¿como estás?, de sus labios emergía la respuesta: “Dios es perfecto y nunca se equivoca”.

El 3 de agosto festejó su cumpleaños junto a toda su familia, que había venido de todas partes del país, para pasar este tiempo con él; momento que nuevamente utilizó como una excusa para que se predique el evangelio de Cristo.

Pasaron  2 semanas de haber cumplido 17 años, cuando recibió el beso que nadie espera, el beso de la muerte. Kevin falleció una madrugada de agosto del 2014, con la convicción de que “Dios es perfecto y nunca se equivoca”.

Mi nombre es Andrés Morón, quien tuvo el privilegio de estar junto a este grande de la fe, y tengo la seguridad de decirte, que aquella madrugada se encontró cara a cara junto a su Señor, junto a quien murió por sus pecados. Aún recuerdo unas palabras que dijo un hermano el día del velorio de Kevin: “La partida de Kevin no se considera una pérdida, pues se considera una pérdida a aquello que no se conoce su paradero, a diferencia de esta situación que estamos seguros el lugar en el cual se encuentra, y lo más importante, con quien”.

Déjame preguntarte algo querido lector, si tú te encontrarás el día de hoy delante de Dios, ¿Dónde pasarías la eternidad? Pues solo es en Cristo que tú puedes tener la seguridad de tener una eternidad en el reino. Reconoce tu condición de pecador y arrepiéntete y hallarás el oportuno socorro para tú alma.